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Mi viaje alrededor de Islandia

Mi viaje alrededor de Islandia

 

Siguiendo la “ring road”, una carretera de 1.400 kilómetros que circunvala la isla, es posible descubrir sus mayores atractivos y llevarse consigo las mejores imágenes de este lejano y salvaje país.

Ya nos habían advertido que después de las casi 5 horas de vuelo que separan España de Islandia encontraríamos un lugar completamente diferente a lo que estamos acostumbrados a asociar con nuestro viejo continente. El último rincón salvaje de Europa, un lugar donde se percibe  un ritmo de vida pausado, donde las inclemencias del tiempo han forjado un espíritu austero y esforzado en sus habitantes y donde la naturaleza es dueña y señora de cada rincón.

 

Nada más subirnos al avión de una línea de bajo coste islandesa que hace el trayecto entre una ciudad costera española y Reykiavik comenzó nuestra experiencia. En el avión éramos unos pocos españoles en medio de un enjambre de albos islandeses, la mayoría tocados en exceso por el sol del Mediterráneo. Sin duda para ellos el paraíso está en nuestras costas.

 

Uno de los mitos ciertos de Islandia es que es un país tan hermoso como caro, y prueba de ello fue que al aterrizar en Reykiavik, los islandeses arrasaron con los productos del Duty Free del coqueto aeropuerto, sobre todo salían cargados de tabaco y alcohol. A lo mejor detenernos en estas tiendas no hubiera sido mala idea.

 

El aeropuerto internacional de Keflavik es pequeño pero moderno, ordenado y funcional, con lo que una serie de señales en islandés e inglés nos indicaban claramente dónde coger el FlyBus que nos llevaría a Reykjavik, a unos 45 minutos de camino. Esta es la forma más común de acercarse a la ciudad, funciona muy bien y con puntualidad. Así, como todo el mundo, nos subimos en el pequeño autobús que nos llevó entre carreteras totalmente desiertas (eran las 5 am!) hasta nuestro hotel en la capital. ¡Por fin un descanso!

 

Nuestro primer día en Reykiavik empezó con una lluvia no del todo inesperada, a la que tuvimos que poner buena cara porque en Islandia hay que estar preparado para un clima variable bien sea primavera o verano, la lluvia aparece cuando se le antoja, lo mismo el viento y afortunadamente también del sol. No se debe temer al clima de Islandia, en verano es bastante benigno y más caluroso de lo que uno pudiera esperar.

 

Recogimos un vehículo 4×4 del rent a car más cercano al hotel, la forma más común de moverse en esta isla, y para nosotros también la más cómoda. Después de estudiar mapas, llenar el depósito de gasolina (toda una precaución ya que no hay gasolineras con la frecuencia a la que estamos acostumbrados en España), partimos rumbo al más conocido atractivo turístico de Islandia, el llamado “triángulo de oro” en las cercanías de Reykiavik.

 

Sin demasiado entusiasmo visitamos el famoso parque Nacional de Thingvellir  a unos 50 kilómetros al este de la capital. Digo sin entusiasmo porque el parque tiene un encanto por su importancia histórica más que por su belleza escénica, esto según paladares muy exigentes, claro está.  En Thingvellir es donde se reunió el primer parlamento de la historia europea y es un lugar de enorme significado para los islandeses. Es uno de los pocos lugares del mundo donde se puede apreciar la placa tectónica la placa tectónica Europea y Americana separándose por encima del nivel del mar. Antes de abandonar la zona, seguimos la costumbre de arrojar una moneda y pedir un deseo en Peningagjá, una piscina natural de agua cristalina.

 

Continuamos nuestro camino encontrando no demasiada gente a nuestro paso, en medio de un paisaje algo agreste y en un día en que a ratos se daban cita la lluvia y el sol formando bellos arcoiris. La próxima parada fue la zona de manantiales en erupción de Geysir, donde se encuentra el Strokkur, el géiser más famoso de Islandia que expulsa chorros de agua hirviendo a 30 metros de altura, a intervalos de cinco minutos. Éste hizo su aparición pillándonos totalmente de sorpresa, mientras caminábamos entre fumarolas de pequeño tamaño y erupciones que expulsaban mínimos chorros de agua…..uf!, quedarse boquiabierto fue poco al admirar la altura de este “señor Géiser”. Sus erupciones son verdaderamente cada 5 minutos, los que se cumplen con casi total exactitud. Estuvimos un buen rato observándolo y calculando sus espectaculares apariciones.

 

Seguimos hacia la Cascada de Oro “Gulfoss” con unos saltos de agua extraordinarios.  Se trata de una caída de agua del río Hvíta de 31 metros de altura. Caminamos durante unos minutos por el margen izquierdo del río Hvíta por los alrededores de la impresionante cascada para hacer las fotos de rigor.

 

Fuera del “turístico” triángulo de oro encontramos la soledad y paz que tanto habíamos anhelado. Llegamos a Vik bien entrada la tarde y nos alojamos en el hotel. Por la mañana nos dio los buenos días un sol resplandeciente y una extensa y linda playa de arena negra, ideal para dar un paseo matutino y observar las numerosas aves marinas antes de volver a coger el coche.

 

Seguimos viaje atravesando campos de lava situados justo debajo del mayor glaciar de Europa, el Vatnajökull. El glaciar nos enseña su lengua, la carretera se estrecha y llegamos al centro de interpretación del parque nacional de Skaftafell. Allí nos informamos de los posibles senderos que se podían recorrer y nos decidimos por la ruta de 3 kilómetros que lleva a los pies de la cascada Svartifoss, famosa por sus espectaculares columnas de basalto. El trekking que lleva hasta la cascada sin duda vale la pena aunque se debe ir preparado para la lluvia, que es frecuente compañera en esta zona.

 

Desde el parque Skaftafell se organizan las más interesantes actividades de aventura por el glaciar Vatnajökull. Entre todas ellas, nos decantamos por ascender la montaña más alta del país, el pico Hvannadalshnúkur, que con sus 2.119 metros de altura destaca en medio de la planicie glaciar del Vatnajokull, el campo de hielo más grande de Europa. El Hvannadalshnúkur es una bellísima montaña nevada que tras una larga ascensión sorteando grietas y un desnivel importante, premia con fantásticas vistas de toda Islandia, el Océano Atlántico y el glaciar Vatnajokull.

 

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